|
CATEURA (Baldomero).- Mandolinista catalán, nació en Palamós (Gerona) el 11 de diciembre de 1856.
Siendo muy niño empezó los estudios de solfeo con Mn. Ramón Marull y a los 8 años empezó a estudiar el piano y la
teoría con el profesor Antonio Roger, pero pronto abandonó el piano por la guitarra, que estudió durante algún tiempo
bajo la dirección de José Pou, y autodidácticamente a base del famoso método del maestro Aguado. Un día fue a parar
a sus manos una bandurria, a cuyo instrumento se aficionó extraordianariamente, estudiándolo a fondo, llegándolo a tocar
con gran arte y entonces formó con la cooperación de Beltrán, Hernández y el maestro Mas, un cuarteto que actuó en
Gerona, Perpignan, Toulouse y todo el Mediodía de Francia con éxito ruidoso. Más tarde formaron un quinteto debutando
en París, también con gran éxito. Luego tomaron parte en diversos conciertos en Berlín, Dresde, Viena, Bruselas, Praga, Niza,
Montecarlo, etc.
Hallándose en París conoció el mecanismo de la mandolina milanesa, montada con cuerda sencilla en vez de la doble
de la bandurria española; pero observando los defectos que presentaba la afinación de la mandolina milanesa, poco
adecuada para las tonalidades de la música andaluza de tradición árabe, como para los aires nacionales: jotas, zortzicos,
alboradas, etc., logró crear un tipo de mandolina que conservando la elegancia de la milanesa, estaba afinada como la
bandurria y a cuerda sencilla y tras largos esfuerzos y no pocos tanteos logró que se construyera en Alemania el casco
y que se terminara en Barcelona este instrumento al que llamó mandolina española. Para ella escribió un método y varias
obras teóricas.
Cateura es asimismo el inventor del Piano-Pédalier (V. Pédalier), sistema de pedales aplicable a todos los pianos, con el
cual, debidamente empleado y combinado por el ejecutante, pueden obtenerse bellísimos efectos de matiz. El Piano-Pédalier
está destinado preferentemente al acompañamiento y en especial al acompañamiento de instrumentos como la mandolina,
la guitarra, etc., pues establece con ellos tal correspondencia que la fusión de sonoridades no puede ser más íntima
El sistema de Piano-Pédalier fue presentado en la Exposición de Bellas Artes y de Industrias Artísticas de Barcelona y en
la Exposición del Teatro y de la Música de París (1898), obteniendo en ambas un gran éxito y mereciendo los más
encendidos elogios de la prensa española y extranjera, que se ocupó extensamente del invento.
Destinadas a la mandolina española y al Piano-Pédalier, Cateura ha escrito en colaboración con distinguidos maestros,
adaptaciones de numerosas obras de los grandes compositores como Gluck, Bach, Mozart, Beethoven, etc.
Entre sus obras de estudio figuran, además de su método La Escuela de la Mandolina Española (Barcelona, 1900), las
siguientes: 50 preludios de compositores célebres, Cadencias, Preludios y Estudios, y Capricho sobre un tema de Petschke para
mandolina sola; Capricho (estudio para íd.); Capricho (estudio para mandolina y piano); 2 cuadernos de Estudios poéticos,
para íd. etc.
|
ANECDOTARIO
Por Pablo Cateura López
Baldomero Cateura Turró nació en Palamós (Gerona) el 11 de diciembre de 1856. Era el mayor de tres hermanos (Santiago y Eladio). Sus padres, Antonio Cateura y María Turró regentaban una fonda de cierta importancia que se encontraba en el piso inferior de una enorme casona frente al mar de la bahía de Palamós. La casa, que puede observarse en una fotografía adjunta, pertenece todavía a la familia, en concreto a los herederos de su hermano Eladio. El padre era un hombre muy autoritario con el que, dado que su carácter era también muy fuerte, chocaría pronto. La madre era una mujer de grandes dimensiones físicas a la que sus nietos llamaban cariñosamente "baba" (abuelita). El carácter de Doña María era, al parecer, más suave que el de su marido. De sus hermanos, Eladio continuó con la fonda que se transformó posteriormente en una pequeña ferretería, la cual, incrementada y ampliada por sus herederos, se convirtió en la actual Ferretería Cateura que todavía es uno de los establecimientos comerciales más célebres de Palamós. La casa, enorme en dimensiones desde el punto de vista actual, aloja varios establecimientos alquilados, es vivienda de algunas familias y presta muchas de sus dependencias a la ferretería y sus almacenes. En una habitación con balcón al mar y hoy almacén, nació Baldomero. Su segundo hermano, Santiago, siguió la carrera militar.
Tal vez como consecuencia de que, de algún modo, llegase a sus manos una vieja guitarra con la que se entretenía en la buhardilla de la casa, desde muy joven se manifestó claramente su deseo de aprender música. Tal inclinación le enfrentaba a su padre al poco tiempo no porque éste aborreciera la música sino porque no la aprobaba como formación y modus vivendi. Ante la determinación de Baldomero y como materia extraordinaria al margen de la formación regular que ya recibía, le permitió realizar sus primeros estudios musicales, concluidos los cuales abandonó la casa. Tras las inevitables peripecias se instaló en Barcelona. Una vez allí inició su trabajo para varias firmas comerciales, lo que simultaneaba con la ampliación de sus estudios musicales y otros. Contó siempre con la ayuda a distancia de su madre y al tiempo con el beneplácito del padre desde el momento en que éste entendió que su hijo comenzaba a labrarse un porvenir laboral (que no musical). En una de las firmas para las que trabajó se dio la casualidad de que el propietario se apellidaba también Cateura y quiso casarlo con su hija para lo que al parecer la muchacha estaba bien dispuesta. Sin embargo, Baldomero rechazó las propuestas (al menos las formales) y abandonó la firma y su posible descendencia Cateura y Cateura.
Se casó con una mujer de gran sensibilidad y talento, Carmen Mañé de Urrunzuno, de familia de rancio abolengo vasco y cuya madre era baronesa de Bermeo. Era sobrina de don Juan Mañé y Flaquer, político y escritor, director del Diario de Barcelona que la influyó a menudo en su vida.
Se sabe que la vio por primera vez en el Liceo de Barcelona y comentó: "Esa mujer tiene que ser para mí”. Novelesco, pero también muy propio de la época. El caso es que consiguió su propósito y, por ende, una gran mujer a su lado. Tuvieron siete hijos, de los cuales murieron cuatro a las edades de 16, 16, 20 y 2 años, lo que puede dar fácilmente idea del tremendo revés que soportaron. Carmen tenía talento para lo artístico, especialmente para la literatura y la música (era una excelente pianista) y una gran sensibilidad humana. Fue la gran compañera de su vida pero también quién sufrió las vertientes negativas del carácter de Baldomero: sus aventuras, su genio vivo, su tenacidad a veces exasperante y su dedicación a la música. Con el paso de los años adquirió algunas excentricidades como, por ejemplo, su inclinación a escribir de noche que extendió a escribir durante el día manteniendo una luz muy tenue que le facilitaba la inspiración. Ni que decir tiene que durante esos ratos, era conveniente que todos los habitantes de la casa permanecieran en silencio, para remedar así el silencio de la noche.
También por la noche -la gran inspiradora de los artistas, quizás- tenían lugar las tertulias con intelectuales y artistas con los que mantenía cálidos lazos de amistad (Gabriel Miró, Enrique Granados, Francisco Tárrega, etc.).
Con este último muy especialmente, realizaban -con la ayuda de su esposa Carmen al piano- lo que hoy llamaríamos verdaderas "jam sessions". Piano, mandolina y guitarra. Estas sesiones musicales duraban en ocasiones hasta la madrugada y de ahí se deriva como recuerda su hija Pilar de que en su casa siempre sonaba la música. La educación de sus hijos, además de la educación formal en el Colegio, incluía la lectura de textos y su comentario que él mismo realizaba con sus hijos a la sobremesa, amén de otros aspectos educativos. ¡Nada de insulsas charlas y chismes! Por ejemplo, a la hora del café, tomaba un libro y con la familia reunida preguntaba a sus hijos cualquier cosa: quién era el autor, que denotaba el estilo, preguntas de carácter científico, geográfico, artístico, etc. Se podría decir que, de ese modo, supervisaba e incrementaba la educación que sus hijos iban recibiendo.
Era extremadamente afecto a los artistas. Poseía una verdadera pléyade de amigos en el mundo del arte, de la política y de la intelectualidad y ejerció diversos mecenazgos -ruinosos, en algún caso-. La Baronesa de Wilson, escritora y editora de un periódico, a la que precisamente dedica su Método de la Mandolina Española, la escritora María Luisa Lacal, el pianista Manuel de Burgos (Manuel Burgés era su nombre real); A este último lo apreciaba extraordinariamente, pues habían colaborado en innumerables ocasiones. Se cuenta que, al enterarse de la muerte en accidente de Burgés, Don Baldomero, totalmente anonadado por la noticia, acudió a la casa del finado. Entró en la sala donde se encontraba el féretro, la familia, los acompañantes, las plañideras, en la disposición acostumbrada en aquellos tiempos. Con paso solemne y sentido se dirigió al féretro y con la presumible sorpresa por parte de los que allí se encontraban incorporó por completo el cuerpo sin vida de su gran amigo Burgés para abrazarlo por última vez.
El propio Enrique Granados fundó en Barcelona una escuela de música. Los dos primeros pianos de que dispuso habían sido prestados por don Baldomero, a la espera de ser abonados cuando el negocio de Granados prosperara. Granados se demoró en el pago y cuando murió en el naufragio del Sussex, los pianos se perdieron para siempre pues habían sido entregados en prenda de amistad, sin ningún tipo de contrato y la familia se los quedó. Don Baldomero no los reclamó nunca. Existen algunas piezas de Granados compuestas especialmente para el piano “pedalier”.
El respeto que sentía por las artes y muy especialmente por la música, era profundo. Al respecto, quiero contar a modo de ejemplo, lo siguiente: don Baldomero había acordado con las autoridades de Palamós, su villa natal, una audición de la Orquesta de Barcelona, pero por cuestiones de negocios, al parecer, encargó cerrar el trato a su hijo Pablo. El asunto, en manos del joven Pablo, no se acordó de forma adecuada por lo que mi abuelo se dirigió a Palamós sin orquesta y acompañado del buen pianista y gran amigo de su padre, D. Manuel Burgés (Manuel de Burgos) que ¡no sabía que la Orquesta no acudiría!
En el teatro, sillas, atriles, piano, etc. y todo lo necesario, se encontraba dispuesto para la anunciada actuación orquestal y al poco se encontraba lleno. En bambalinas, mi abuelo Pablo discutía con Burgés tratando de convencerlo para que saliese a escena a ¡tocar el piano! a lo que Burgés, comprendida ya la situación, lógicamente, se negaba. El público, ante el escenario vacío de intérpretes, empezaba a protestar. Burgés se oponía a salir a tocar el piano y se decantaba por disculparse formalmente y establecer una nueva fecha.
De pronto, Pablo lo coge por la espalda y lo lanza literalmente al escenario en el que aparece el pobre Burgés a trompicones. Aturdido por la situación y ante la expectación del público que, al observar movimiento empieza a aplaudir, saluda al público, se sienta al piano e interpreta unas piezas. Se levanta saluda y vuelve a la protección de las bambalinas ante los aplausos del público y alguna protesta reclamando a la orquesta. Nada más llegar junto a Pablo, que, sin esperar, lo lanza de nuevo al escenario y se repite la estrambótica escena; así hasta tres veces. El escándalo fue mayúsculo y mi abuelo (que entonces contaría unos dieciocho años) fue expulsado temporalmente de casa. Lo que, dicho sea de paso, no le vino nada mal pues fue enviado a la casa de unos amigos italianos de su padre en Roma, los Rossi, lo que aprovechó para estudiar y viajar por Europa durante un año. Lo que Don Baldomero no quería era verlo temporalmente. Tal era su disgusto. Curiosamente, Pablo confraternizó de tal manera con los Rossi que incluso existe alguna pieza dedicada expresamente a él.
La materialización de la idea de la mandolina española le llevó mucho trabajo, esfuerzo personal y dinero pues se realizaron las partes en diferentes países y se ensamblaban en Barcelona. Todo ello la hacía muy costosa. Diseñó y mandó realizar también un trípode para el instrumento. La familia Cateura no conserva, desgraciadamente, ni una sola mandolina, ni un piano, ni siquiera un trípode.
El piano-pedalier o piano-Cateura fue otra de sus invenciones o modificaciones sobre instrumentos musicales. El trabajo de dotar al piano de cuatro pedales más para modificar timbre y expresión en la ejecución, fue costosísimo, tanto en diseño como en realización. Para llevarlo a cabo, formó sociedad con los Sres. Jiménez e Izabal y crearon la fábrica de la sociedad (Cateura, Jiménez e Izabal) para producirlos en Barcelona. Obtuvieron grandes éxitos del desde el punto de vista artístico y el piano fue, ciertamente, muy elogiado. Participó en la Exposición de París de 1896 y en diversas presentaciones de alto nivel en España y otros países. En una de tales representaciones, la regente María Cristina le concedió a D. Baldomero el baronato de los Valles de Orozco, un aspecto de su vida prácticamente desconocido. Las audiciones del pedalier eran un verdadero éxito. En el horizonte, sin embargo, se gestaban tiempos turbulentos. La Semana trágica de Barcelona (1909) le afectó grandemente como empresario y llegó a pensar en emigrar a América con su familia.
Más tarde, se produjo la mayor desgracia de su vida, si excluimos como es lógico, la muerte de sus hijos. El secadero de maderas de la fábrica de pianos se quemó en un incendio que lo arrasó todo. La fabricación ya no se reiniciaría dado que ninguno de sus hijos hubiera continuado con la misma y don Baldomero era ya persona de edad avanzada. Así terminó abruptamente el hermoso sueño del piano-pedalier.
A partir de entonces disminuyó su animada vida social en el ámbito artístico y cayó en una postración que en mayor o menor grado le acompañaría hasta el final de sus días.
Se encerró cada vez más en la penumbra de su casa, dónde tocaba y escribía incesantemente. Por desgracia, ningún miembro de su familia sabe que fue de aquellos papeles.
Murió poco tiempo más tarde, en el mismo año en el que se produjo el famoso crack de la Bolsa de Nueva York que anunciaba, como un gigantesco aldabonazo las turbulencias a las que se dirigía un mundo convulso y agitado que cambiaba vertiginosamente.
La causa de su muerte fue un ataque a un corazón que tal vez ya no pudo soportar por más tiempo los sinsabores de los últimos años, entre ellos la pérdida de cuatro hijos. Falleció el día 26 de enero de 1929, a la edad de 73 años.
Vivió apasionadamente una época rica e intensa que podría decirse murió con él. Lo que vino después cambiaría el mundo y el destino de mi familia para siempre, como hiciera con tantas otras pero, como suele decirse, eso es ya otra historia.
|